La “Transición” se inicia tras la muerte de Franco y
la proclamación como rey de Juan Carlos I en 1975, y se puede dar por terminada
en 1982, con la llegada al poder del primer gobierno socialista desde la
Segunda República.
Juan Carlos I nombra presidente de gobierno a Adolfo Suárez,
un hombre con un firme compromiso con el retorno a la democracia. Y no hay
que olvidar en absoluto el protagonismo de la sociedad civil que, a través
de su movilización y de su voto, marcó el camino a seguir, la implantación de
un sistema democrático, pero sin una ruptura radical con el pasado.
La Transición, no obstante, no fue un período fácil:
existían temores ante el recuerdo de la Guerra Civil, la postura del ejército,
la debilidad de los partidos políticos o la inexperiencia política de la
sociedad española. También hay que situar este proceso político en un contexto
de violencia provocado por el terrorismo (en especial el de ETA) y una
situación de fuerte crisis económica y por tanto de abundantes conflictos
laborales. A pesar de todo, la Transición española se convirtió en un modelo a
imitar en el proceso de cambio pacífico de un modelo de gobierno dictatorial a
otro democrático.
Las Cortes surgidas tras las elecciones de 1977 ven la
necesidad de crear un nuevo texto constitucional pero compartido por todos, lo
que se denomina una política de “consenso”.
Se crea así una ponencia con siete representantes de diferentes partidos políticos (“los padres de la Constitución”) que presentan un anteproyecto a las Cortes en enero de 1978.
El texto es aprobado el 31 de octubre de 1978 por el Congreso de los Diputados (325 votos a favor, 6 en contra y 14 abstenciones) y más adelante por el Senado.
El 6 de diciembre de 1978, el pueblo español aprueba en referéndum el texto constitucional (87% de votos a favor). El rey sanciona, finalmente, el nuevo marco legal (27 de diciembre de 1978).
